Santa Teresita

¿Quién es santa Teresita?

Sus primeros años

Teresita nace el 2 de enero de 1873, siendo la novena y última hija del matrimonio de Luis Martin y Celia Guerin. Dotada de una inteligencia especial, absorbe la fuerte piedad que se vive en su hogar y posee una mirada sobrenatural de los acontecimientos de la vida sin dejar de ser una niña.

La pequeña Teresa tiene 4 años y medio cuando muere su mamá; ella llora muy poco, tampoco expresa los profundos sentimientos que la embargan. El hecho quedará grabado para siempre en su memoria. Teresita adoptará desde ese día por segunda madre a Paulina, su hermana de 16 años .Y ella  ” vivaracha y efusiva” se vuelve  “tímida y callada y extremadamente sensible”. Su Padre Luis, viudo y con 5 hijas redobla su ternura siendo para ellas padre y madre, especialmente para la más pequeña.

Teresita y la Virgen María

A la edad de 9 años, se entera inesperadamente de la entrada de su hermana Paulina al Carmelo.  “Yo no sabía qué era el carmelo pero comprendí que paulina iba a dejarme para entrar en un  convento, comprendí que no me esperaría, que iba a perder a mi segunda  madre…”. La pobre teresita sufre una crisis “parecía estar en continuo delirio, diciendo palabras que no tenían sentido, y sin embargo estoy segura de que no perdí ni un solo instante el uso de razón…con frecuencia me  quedaba  como desmayada, sin hacer el menor movimiento;(….)Oía todo lo que se decía a mi alrededor, y todavía me acuerdo de todo.”

Toda su familia a su entorno, la rodean de afecto y cuidados mientras oran incesantemente por ella. Frente a la estatua familiar de la Virgen, su hermana María, implora por ella.” De repente, la santísima virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que yo nunca había visto nada tan bello. Su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables. Pero lo que me caló hasta el fondo del alma fue la “encantadora sonrisa de la santísima virgen”. Milagrosamente la pequeña Teresa se ve curada después de esta experiencia. Es con la sonrisa de una madre,  la Madre del Cielo.

Jesús y teresita

El día de su primera comunión preparada con mucho esmero es para ella el más hermoso de los días” ¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma…! Fue un beso de amor. Me sentía amada, y decía a mi vez: “Te amo y me entrego a ti para siempre”.

Sus deseos de entrar en el carmelo se veían siempre rechazados por tener sólo 14 años. No hablaba con celina de ello, pero pronto no pudo ocultar más sufrimiento y ésta,  enterada de su determinación la apoya con entusiasmo, como si fuera su propia vocación y  acepta  el sacrificio de la separación, ya que habían logrado una gran unidad de espíritu.

Teresita y su padre

Le quedaba ahora una dura tarea, decírselo a su padre. “¡cuantas luchas interiores no tuve que sufrir antes de sentirme con ánimos de hablar…!”. Su padre con gran ternura la escucha, aunque le hace saber que “es demasiado joven para una decisión tan grave” pero al escucharla pronto queda convencido de su vocación, y “con fe profunda, me dijo que dios le hacía el honor al pedirle así a sus hijas”.

En el carmelo

“he venido para salvar almas, y sobre todo, a rezar por los sacerdotes”. El 9 de abril es el día fijado para su entrada al carmelo. Antes de dar el paso, después de abrazar a cada uno, teresa se arrodilla frente a su papá, para recibir su bendición. Este a su vez se arrodilla para dársela. Al cerrarse la puerta tras de sí, recibe el abrazo de sus nuevas hermanas. “… todo me parecía maravilloso. Me sentía trasportada a un desierto”(…)” con que alegría tan honda repetía estas palabras.”Estoy aquí para siempre, para siempre…”

Teresa por pedido de sor inés, pone por escrito sus recuerdos de infancia. Ya para la fecha ha alcanzado un grado de madurez y una libertad de espíritu muy grandes.

A finales de 1894 teresa descubre unas frases de la escritura que le llegan profundamente y le revelan su camino. Lee en un fragmento de la sabiduría:”el que sea pequeñito, que venga a mí beba”. Ella misma es ese pequeñito “y entonces fui”  “a los pequeños se le compadece y perdona”

La enfermedad  ataca por entonces su organismo. De aquí en más, vive y enseña a las novicias y a dos hermanos espirituales “su caminito” que consiste en poner la propia impotencia en la omnipotencia de dios, confiando que su misericordia obrará aquello que él nos hace desear. No es quedarse inactivos, sino obrar la virtud, amar lo que se quiere creer, con la esperanza en un cielo. Hacer por amor lo cotidiano, más allá de lo sensible. Y dios al ver nuestra buena voluntad suplirá nuestra pobreza. Viendo nuestra pequeñez, nos tomará en sus brazos y nos conducirá él mismo.

El 9 de junio de 1895 escribe su célebre ofrenda de mi misma al amor misericordioso “el amor es lo único que me atrae”.  Teresita otra vez situada en su impotencia, se siente desbordada de amor a dios y desea ser apóstol, misionera hasta el fin del mundo, sufrir por su amor todos los martirios. Todos estos deseos se tornan un verdadero martirio,  hasta que se encuentra con el pasaje donde san pablo explica que todos los carismas son nada sin el amor: “comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… (…) ¡que el amor es eterno…! ¡mi vocación es el amor!”

El viernes santo de 1896, teresita tiene su primera hemoptisis. Exteriormente, a pesar de sus tormentos, da muestras de alegría y humor para hacer reír a los demás y conserva su amor a la naturaleza. Su celo apostólico le dilata el corazón y ofrece su sufrimiento por todo el mundo. Y su Cielo será, para ella, trabajar por la salvación de las almas, sin límite ni espacio. Muere el 30 de septiembre de 1897. Sus últimas palabras fueron “¡Dios mío…, te amo!”

Teresita es canonizada en 1925. Y es nombrada Doctora de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II, en 1999.

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Santa Teresa del Niño Jesús y de la santa Faz

La vida Teresita, a simple vista, puede parecer común. Sin grandes particularidades ni milagros. Más bien la historia de una niña sensible, huérfana  de madre, apegada a sus hermanas y a su padre, que pronto se ve afectada por el ingreso de la primera de sus hermanas al Carmelo, lo que produce en ella una crisis nerviosa. Y que es salvada por su gran fe y la paciencia y el amor de su familia. Entra a la Orden del  Carmen, donde ya están dos de sus hermanas (luego entrará otra, además de su prima), a los 15 años y donde morirá a la edad de 24 años, de tuberculosis, enfermedad sin cura en el año 1897.

Pero su vida se caracterizó por su mirada de fe en cada acontecimiento que le tocó vivir y por su gran transformación interior. Descubrir que su felicidad es salir de sí misma  para hacer felices a los demás le hace superar su sensibilidad y la torna libre de espíritu. Su deseo de salvar almas para Jesús la enciende. Será célebre por su “Caminito” de confianza y abandono en Dios que es justo y, por eso mismo, misericordioso. Y por su ofrenda de sí misma al Amor Misericordioso en un tiempo en que se ofrecían a la justicia Divina.

Su deseo en vida de “pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra”, la hace hoy cercana a gente de lo más variada, que encuentran en ella una poderosa intercesora y una maestra en el camino hacia  la santidad accesible a los frágiles y pequeños.